POR QUÉ ES NECESARIA LA FORMACIÓN CONTINUADA DEL PROFESORADO?

 

 

Autor: Prof. Dr. Carlos Alberto Nicolete da Silva.

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RESUMEN

 

La función docente se institucionaliza a través de la enseñanza, cuando el proceso de transferencia de esos conocimientos no ocurre casualmente sino que en una sociedad en constante transformación, el profesor deberá estar siempre actualizado en su actividad profesional, siendo por tanto, la formación del profesor el "factor determinante de la calidad de enseñanza".             La formación del Profesor, ha sido objeto de críticas en relación con sus posibilidades de preparar docentes por las deficiencias metodológicas, por el bajo nivel de conocimiento llevándola a la mala calidad de enseñanza y de la utilización de currículos antiguos con poca atención al raciocinio, inadecuados a la ciencia y al progreso. Es importante destacar el papel del futuro  profesor como educador que necesita tener una formación multidisciplinar con relación a los conocimientos filosóficos, humanista social y especifico. Por lo que se refiere a la formación continuada del profesor, existen varios cursos de perfeccionamiento (postgrados, maestría y doctorado) en diversas especialidades, tanto en el Brasil como en el exterior. Es necesario buscar y perfeccionar sus conocimientos a través de cursos, congresos, seminarios y investigaciones científicas que mantengan su actualización constante a través de sus propias experiencias y prácticas docentes. En ese sentido, la responsabilidad de la formación de los futuros profesionales para el mercado de trabajo recae, no sólo en los programas de enseñanza universitaria, sino también en los profesores de las Universidades. Es preciso preparar a los futuros profesionales para que puedan actuar con responsabilidad y conocimiento en el mercado de trabajo.

 

Palabras-llave: formación del profesor; currículum; mercado de trabajo.

 

 

1.      Introducción

 

            ¿Todo hombre es un educador? En algún sentido, o en algún momento de su vida, lo es casi siempre que nos comunicamos con alguien estamos intentando comunicar algún tipo de información, y todos nos hemos encontrado alguna vez intentando transmitir una destreza o convencer a alguno de una creencia concreta.

            El sentido que damos a la palabra "profesor" o "maestro" en estas situaciones de enseñanza es el de alguien que posee o encarna en su propia persona, algún conocimiento, destreza o creencia, y que cree que es una buena cosa intentar compartirla. Este ejercicio de la función docente, sin embargo, depende del tiempo, del lugar y de las circunstancias. El individuo que la ejerce no puede exigir un título permanente de "profesor", ya que un simple cambio de circunstancias, por ejemplo, un encuentro con otra persona puede, en cualquier momento, invertir los papeles (Globe y Porter, 1980).

            Ocurre algo semejante con el concepto de la función docente cuando se institucionaliza por primera vez a través de la escuela. La única diferencia es que la comunidad decide que existen ciertas áreas de conocimientos o destrezas que tienen que ser impartidas de una forma continuada y, por tanto, su aprendizaje no puede ser confiado al azar de un encuentro casual. Las personas que poseen ese conocimiento o destreza en cuestión son identificadas y seleccionadas, para que el proceso de transferencia de esos conocimientos a aquellos que necesitan adquirirlos pueda ser organizado y repetido sistemáticamente.

            En este tipo de función docente, la utilidad del profesor para el estudiante comienza a disminuir desde el primer día, ya que ésta se mide por la diferencia en sus niveles de conocimiento. Entonces el profesor tendrá que estar siempre al día, no sólo en la adquisición de nuevos conocimientos de su disciplina, sino también de forma didáctico-pedagógica, a través de una formación continuada para desarrollar su actividad profesional.

            Así pues, la función docente comporta una comunicación y relación existencial de carácter interpersonal subjetiva: en el aspecto de enseñanza por medio de la información, instrucción formadora y contínuo ofrecimiento de estímulos; y en el aspecto de forjadora de la personalidad, con la transmisión de valores y ayuda para su integración. La función docente requiere actitudes y riesgos para llevar a cabo su realización de forma creadora y personal, pero a veces es configuradora por su misma esencia y por los condicionamientos que la rodean.

 

 

2. Fundamentación Teórica

 

            Muchas veces un profesor es juzgado en función de la institución que le instruyó en el curso superior y que debe haber ejercido cierta influencia en su manera de ser, saber, y hacer (visto anteriormente). Es importante que el camino a seguir durante su formación, conduzca a la persona a un punto básico que posibilite desarrollar al máximo sus potencialidades. Y que esta persona, en las diversas situaciones con las que se va a enfrentar en el contexto educativo de una sociedad que está en constante transformación, las sepa afrontar de una forma segura, firme y con una amplia visión de todo lo que constituye su actividad.

            Imbernon (1989) afirma que, durante las últimas décadas, la formación de los profesores ha experimentado una evolución de desarrollo en el campo de las ciencias de la educación, tanto en lo que hace referencia a los planteamientos teóricos, como en sus técnicas de aplicación en la formación, y también en las investigaciones. Estos factores ponen de manifiesto la influencia del docente en el rendimiento docente y en la mejora de los sistemas educativos. Gimeno y Pérez (1983), también afirman que en los últimos años, la formación de los profesores se ha constituido en un foco de atención primordial dentro de las cuestiones didácticas. Inicialmente se quiso imprimir este cambio en programas de formación de los profesores basándose en la competencia docente. Consistía en determinados tipos de estrategias que tendían a realizar el cambio con procedimientos sistemáticos que permitiesen hacer frente a la complejidad educativa con garantías de éxito, es decir, realizar algo más que una pedagogía experimental con aplicación de instrumentos cuantitativos.

            Sin embargo, los autores piden atención para la elaboración de un modelo de formación para profesores, ya que ni todas las realidades ni necesidades son iguales. Existen por tanto, diversos diagnósticos sobre la realidad de la formación de los profesores. Así como, distintas visiones acerca de las reformas que podrían ser introducidas, ya que un modelo es una aproximación a una determinada visión.

            González y Escudero (1987) afirman que la formación de los profesores arraiga en el concepto de eficacia docente y se vinculó directamente a las investigaciones realizadas sobre la enseñanza, que luego ha dado lugar a dos campos diferenciados que Escudero destaca como:

            "Un paradigma centrado en el estudio de la eficacia de la enseñanza, entendida ésta como un conjunto organizado e institucionalizado de recursos de disciplinas para el aprendizaje" y otro "centrado en el análisis del funcionamiento interno de la enseñanza como conjunto de actividades realizadas en el marco de enseñanza como institución" (González y Escudero, 1987, p. 47).

            Por lo tanto, la formación del profesor es un objetivo intrínseco de la propia reforma que lo reconoce como "el factor determinante de la calidad de enseñanza" (Medina y Garrido, 1989). Esta consideración formativa evidencia que el Sistema Educativo ha de atender prioritariamente a la puesta al día de los profesores que hacen que la reforma sea posible.

            La preparación del profesor orienta su capacitación inicial y permanente para realizar una educación y enseñanza de calidad adaptada a la demanda personal de los alumnos y miembros de la comunidad, la evolución científico-tecnológica, las exigencias profesionales de los profesores y el ritmo de cambio de cultura, valores y comunicación en una sociedad democrática y masificada.

            Dentro de este contexto, está la formación continuada del profesional, que no es nada más que su capacitación personal (psico-social), para actuar eficiente y críticamente en la sociedad, convirtiéndose en una exigencia de las sociedades avanzadas.

            A medida que la sociedad actual, post-industrial e informatizada adquiere mayores índices de desarrollo, requiere de sus miembros niveles más elevados de especialización y una preparación global e intensa para poder responder a la incesante transformación de la actividad laboral, científica y tecnológica.

            Fernández (1987), ha manifestado que la formación permanente de los ciudadanos está encaminada a ser orientada al logro del desarrollo de una conciencia crítica y a la participación activa en la sociedad. Este es el objetivo que justifica la educación permanente actual y futura, debiendo adaptarse a esta pretensión la institución educativa en los diversos niveles y ámbitos. Así, el término formación, es la preparación de los sujetos para concebir y desarrollar un proyecto humano-social crítico, que implique tanto una realización personal, como un compromiso de impacto envuelto en el trabajo social en que se encuentra.

            Según Carr y Kemmis (1988), la preparación del profesor se orienta a su capacitación inicial y permanente para realizar una educación y enseñanza de calidad adaptada a las demandas personales de los alumnos y miembros de la comunidad, la evolución científico-tecnológica, las exigencias profesionales de los profesores y el ritmo de cambio de cultura, valores y comunicación en una sociedad democrática y masificada.

            Esta visión del profesor como agente comprometido con el avance tecnológico, con la innovación y las reformas curriculares supone un amplio abanico de exigencias, en el que la formación inicial y permanente de los profesores no sea solamente un objeto de la reforma, sino que el propio profesor asuma la reforma como una meta esencial del proceso de adaptación del sistema educativo (González y Escudero, 1987).

 

1. Enfoques  de la formación del profesor

 

            A su vez, Ferry (1987) hace referencia a cuatro enfoques de la formación del profesor que contribuyen, cada uno a su manera, y que son: el enfoque funcionalista, el enfoque científico, el enfoque tecnológico y el enfoque situacional. Es evidente que los cuatro se parecen porque tienen metas innovadoras o renovadoras, incluso revolucionarias. Están construidos sobre la fase de la ruptura entre un estado de cosas tradicionales y anticuadas y su oscurecimiento precipitado por la aparición un antes y un después.

 

               a) El enfoque funcionalista. Se emplea para construir una pedagogía de la formación de los enseñantes, deductivamente, a partir de un análisis de funciones de la escuela en la sociedad. El proceso aparenta ser banal, pero a la vez legítimo y necesario: un proyecto de formación sólo puede explicarse y justificarse en relación con lo que la sociedad espera de la escuela, y por lo tanto de sus docentes. El autor añade que, estas consideraciones adquieren una gran importancia en una coyuntura donde el proceso de la escuela está abierto; donde su funcionamiento, sus finalidades, los contenidos que se deben transmitir y el principio mismo de su existencia son cuestionados. Lo que debe hacer el enseñante, lo que debe saber, y lo que debe ser, dentro de esta escuela que funciona mal (o quizá demasiado bien), es decir, dentro de esta sociedad providencial y alienante, surge de dos debates, uno político y otro técnico. Constatando la imposibilidad de un consenso político sobre las finalidades de la escuela, la hipótesis funcionalista se centra más en el problema técnico.

              

               b)       El enfoque científico. Provoca a veces las mismas reservas que el enfoque funcionalista, por el hecho de que su discurso recae sobre las prácticas de formación y pretende legitimarse según sus criterios y procedimientos.

              

               c) El enfoque tecnológico. Aporta una contribución altamente significativa a la formación de los profesores por el hecho mismo de sus ambigüedades. Éstas cada vez más son puestas de manifiesto a través de la creciente sofisticación de las técnicas utilizadas y los progresos de la investigación sobre las implicaciones y las modalidades de su utilización, especialmente los audiovisuales y la informática. Después de su entrada en el campo de la pedagogía, alterarán su dramaturgia y suscitarán apasionamientos y miedos según el poder y la riqueza de sus recursos, que podemos designar como inimaginables.

 

               d)       El enfoque situacional. Los enfoques funcionalistas, científicos y tecnológicos abordan el proceso de formación en su exterioridad. Dentro de sus problemáticas, identifican como objeto de la acción de formación a los profesores en formación contínua, o los futuros profesores en formación inicial, como quien dice "Los Formadores".

 

            Ferry (1987) sostiene que el sujeto de la formación es el centro del enfoque situacional. Y explica que el enfoque situacional es todo aquel que desarrolla una problemática de la formación basada en la relación del sujeto con las situaciones (educativas) en las cuales él está implicado, incluyendo la situación de su propia formación. Finalmente, la perspectiva situacional se origina en una racionalidad que no se limita sólo a los aspectos funcionales de la práctica docente, sino que incluye también la experiencia.

            Así, creemos que la formación de los profesores está bien colocada en este último componente, pues tiene en cuenta tanto las múltiples dimensiones de lo vivido, con sus componentes individuales y colectivos, psicológicos y socio-políticos, y sus procesos manifiestos e inconscientes.

           

2. Componentes de la formación del profesor

 

            A su vez, Carr y Kemmis (1988), no clasifican la formación inicial y permanente de los profesores como enfoque, pero si de componentes principales de formación inicial y permanente del profesor como investigador, que a su vez son clasificados en: científico, psico-pedagógico, cultural y su práctica docente. Estos cuatro componentes forman el eje fundamental de la formación del profesor y configuran una determinada manera de entender la profesión del magisterio.

 

               a) En el componente científico, el profesor se prepara para ser un agente educativo que posea conocimientos de las disciplinas, área o áreas científicas que ha de transmitir. Esos conocimientos ayudan al profesor a adquirir los conocimientos y los contenidos a partir de los cuales elaborará las estrategias de formación de alumnos; 

               b) En el componente psicopedagógico, el profesor se prepara para ser un profesional que asume conocimientos teórico-prácticos y tecnológicos de las ciencias de la educación y del área para su aplicación en el ejercicio docente;

               c) En el componente cultural, el profesor se convierte en un agente poseedor de una cultura de alcance general y de una cultura específica de conocimiento del medio donde ejercerá su profesión;

d)  El componente de la práctica docente, se refiere a su experiencia en la práctica.

 

            El profesor profundiza en los conocimientos de la práxis educativa, experimenta y adecua las bases curriculares recibidas al contexto donde ejerce la profesión.

            Fundamentándonos en Carr y Kemmis, creemos que los cuatro componentes son importantes para la formación del profesor de Educación Física, ya que su aplicabilidad se hace necesaria dentro del proceso enseñanza-aprendizaje, ya que, tratan de conocimientos científicos, conocimientos teórico-prácticos y tecnológicos, conocimientos de cultura general y específica, y por último, de conocimientos de su propia práctica docente.

           

 

 

Imbernon (1992), también, se refiere a la formación permanente dividiéndola en tres etapas:

               a)       Iniciación. El profesor recibe informaciones de sus compañeros y se le facilita la asistencia a cursos o conferencias sobre temas pedagógicos básicos.

               b)       Perfeccionamiento. Los profesores, mediante seminarios y grupos de trabajos en una determinada zona o centro, intercambiaran experiencias, conduciran y experimentaran nuevas técnicas, llevaran a cabo proyectos y materiales curriculares.

               c)       Consolidación. El profesor debe buscar incentivos para que la formación permanente sea fácilmente aceptada (años sabáticos, licencias de estudios, cambios de experiencias docentes, etc).

 

            La mayor parte de autores que se ocupan de la formación del profesional de la educación diferencian entre formación inicial y permanente. Carrilho (1990), escribe que la formación de los profesores constituye, uno de los vectores más relevantes del movimiento de renovación del sistema educativo, así como, una de las piezas estratégicas para la mejora de la calidad de enseñanza. Por esta razón, afirma que la política de formación y orientación de profesores se desarrolla, en términos generales, alrededor de tres ejes: la formación inicial, la formación en servicio y la formación continua o permanente. Se propone una significación equivalente para la formación continuada y permanente en relación a los demás autores, no haciendo distinción entre ellas.

            De acuerdo con la diversificación de Carrilho (1990), la formación inicial, reside en el reconocimiento de la necesidad previa de calificación profesional para la función docente, debiendo adecuarse a las exigencias educativas y de enseñanza-aprendizaje de los educandos en los distintos niveles del sistema. La formación en servicio, se destina a los que están ejerciendo, pero que aún no han adquirido la preparación y calificación profesional necesaria para la docencia, ya que, apenas son poseedores de habilitación académica.

            La habilitación académica representa una modalidad híbrida, a medio camino entre la formación inicial y la formación continuada, aunque, desde la perspectiva del autor, ésta se aproxima más a la formación continua que a la inicial, pudiendo y debiendo constituir un ensayo significativo dentro de un proceso de formación continuada a institucionalizar.

            La formación continuada para los que ya están ejerciendo la docencia representa, innegablemente, el gran desafío y la mayor inversión de futuro en el dominio de la formación de los profesores. Representa la gran dificultad que se tiene del sistema institucional de formación. Por falta de experiencia significativa en este área, la formación continuada de los profesores ha sido en su mayor parte inexistente en las diversas especialidades. Por otra parte, la formación continuada tiene la finalidad de garantizar la calidad de la educación y de la enseñanza, a través de las competencias profesionales de los docentes. Y persigue: la puesta al día de la actualización de conocimientos, asegurar el desarrollo de las competencias profesionales, posibilitar la progresión y la intercomunicabilidad/ movilidad en la carrera docente, así como permitir la reconversión profesional y proporcionar especializaciones profesionales en el ámbito de esta función. Las acciones de la formación continuada, pueden así mismo partir de una iniciativa individual o de equipo (Carrilho, 1990, p. 59).

            Finalmente, entre los factores que condicionan la calidad de la educación ocupa un primerísimo lugar el profesor, lo que explica la atención que hoy se presta a todo lo que determina su eficiencia, especialmente en lo que hace referencia a su formación y perfeccionamiento. Conseguir profesores con una formación adecuada es una meta importantísima para los sistemas educativos modernos, tanto desde el punto de vista económico como institucional y pedagógico.

 

3. El desarrollo profesional de los profesores

            En este apartado, analizamos la formación de los profesores que están ejerciendo su profesión en los niveles de 1º, 2º y 3er grado en las escuelas públicas, privadas y universidades.

            Durante algún tiempo, los términos: perfeccionamiento, forma­ción en-servicio, formación contínua, reciclaje, desarro­llo profesional o desarrollo del profesorado se han utili­zado como conceptos intercambiables, y es preciso establecer algunas matizaciones. Algunos autores se refieren a la forma­ción contínua del profesorado como a toda "actividad que el profesor en ejercicio realiza con una finalidad formativa -tanto de desarrollo profesional como persona, de modo indivi­dual o en grupo- que tienda a una más eficaz realización de sus actuales tareas o le preparen para el desempeño de otras nuevas" (García Alvarez, 1987; En Marcelo, 1994, pp. 314-315).

            Esta definición es lo suficientemente amplia como para incluir en ella cualquier tipo de actividad que conduzca a una mejora personal o profesional.

            El concepto de desarrollo profesional de los profesores se adapta a la concepción del profesor como profesional de la enseñanza. De este modo, el concepto "desarrollo" tiene una conno­tación de evolución y continuidad que nos parece que supera la tradicional yuxtaposición entre formación inicial y perfeccionamiento de los profesores. En este sentido, De la Torre (1994, pp. 83-85) dice que una expre­sión hoy ampliamente utili­zada en lugar de formación permanen­te o continuada es el desarrollo profesional. Referida al profe­sorado, está íntima­mente rela­cionada con la innovación, en tanto ésta promueve el creci­miento personal, profesional e institucional. El desarro­llo profesio­nal inclu­ye, entre otros, el desarrollo psicológi­co o creci­miento personal, el de habi­lidades o compe­tencias profe­siona­les y el desarrollo de carre­ra reflejado en el status o cargos desempe­ñados.

            El concepto "desa­rrollo profesional de los profesores" presu­pone, un enfoque en la formación del profeso­rado que valora su carácter contex­tual, organizativo y orien­tado al cambio. Este enfoque ofrece un marco de implicación y resolución de proble­mas escolares desde una perspectiva de superación del carácter tradicional­mente individualista de las actividades de perfec­cionamiento del profesorado.

            Rudduck (1987, p. 129) se refiere al desarrollo profesional del profesor como "la capacidad de un profesor para mantener la curiosidad acerca de la clase; identificar intereses signi­ficativos en el proceso de enseñanza y aprendizaje; valorar y buscar el diálogo con colegas expertos como apoyo en el análi­sis de datos".

            Para Leithwood (1990) el desarrollo profesional del docente a través de la formación en servicio y la formación centrada en la escuela, ha de inte­grar el desarrollo de la personalidad y de la carrera profe­sional juntamente con las competencias especificas para la enseñanza que son las que le darán cierta pericia al profesor para desempeñar profesionalmente su fun­ción docente. Pero si importante es el desarrollo de la compe­tencia docente, no es menor la atención que nos merece el desarrollo de la carrera y la maduración personal en una profesión propensa al estrés y al desgaste psicológico (Marce­lo, 1994). Una y otra inciden en la capacitación y actualiza­ción personal y profesional. El desa­rrollo del yo, de la moral y del equili­brio psíquico, de la autoestima, de los aspectos relacionales, etc., deberían ser objeto de considera­ción en los programas de desarrollo profe­sional del docente. En este aspecto De La Torre (1994) resume en cinco puntos las princi­pales ideas de este planteamiento: 1º) considerar la enseñanza como profesión y a los profesores como profesionales; 2º) priorizar la forma­ción en servicio o ejercicio buscando una mayor conexión con la formación inicial; 3º) optar por la formación centrada en la escuela, concibiendo el centro esco­lar como contexto ade­cuado para los procesos de innovación y formación; 4º) utili­zar los proyectos de innovación como vehículo o estrategia para la formación permanente del profe­sorado; 5º) desarrollo personal.

            El desarrollo profesional de los profesores va intrínsicamente relacionado con la mejora de sus condiciones de trabajo, con la posibilidad institucional de mayores índices de autonomía y capacidad de acción de los profesores individual y colectiva­mente. Un profesional de la enseñanza u otro campo, puede estar en paro o desempeñando funciones administrativas en tanto que personas que ejercen la enseñan­za carecen de profe­sionalidad. Así pues, Hoyle (1980) sugiere las siguientes características: 1) desempeña una función social importante; 2) adquisición de un considerable grado de habili­dad para ejercer dicha función; 3) es insuficiente el conoci­miento obtenido por experiencia precisándose de un cuerpo sistemático de conocimientos en el que basar la práctica; 4) se precisa de una formación especializada de larga duración; 5) el período de formación comporta socialización en la cultu­ra y valores profesionales; 6) en su actividad profesional ha de resolver problemas que le plantean los clientes apoyándose en el cuerpo de conocimientos; 7) las decisiones profesiona­les requie­ren un alto nivel de autonomía tanto a nivel perso­nal como colectivo; 8) la formación de larga duración, la ética profe­sional y la atención a los intereses del cliente son recompen­sados con el prestigio y remuneración elevados. Aunque la actividad docente no cumple todos estos rasgos en sentido estricto, sí podemos hablar de ella como profesión en base a la formación de los docentes de Educación Física con respecto al qué enseñar, cómo hacerlo, para qué, a quién, cuándo, así como al qué, cómo y cuándo evaluar.

           

4. La enseñanza y el profesor dentro del proceso educativo

 

            "La enseñanza es una actividad que se desarro­lla en solitario. La clase es el santuario de los profeso­res...El santuario de la clase es un elemento central de la cultura de la enseñanza, que se preserva y protege mediante el aisla­miento, y que padres, directores y otros dudan en violar". (Bullough, 1987).

            Sin embargo, en función de las diversas exigencias de la sociedad actual, algunas cosas han cambiado, tales como: mayor cantidad de dinero destinada a la educación, creación de diversos centros de formación para completar la demanda y, la asistencia de varios especialistas de otros países para transmitir los más recientes conocimientos y a  conocimientos y así, posibilitar a nuestros profesores la adquisición de un elevado conocimiento del escenario mundial. Sabemos que no basta con que una persona realice un curso y sea un buen profesional. Es necesario "trabajar" bien a esta persona, para que después de algunas modificaciones, transformaciones y adaptaciones, tengamos un profesional del más elevado nivel, listo para servir a la comunidad y así, dar lo mejor de sí para beneficio de millares de personas (Araújo, 1983).

            En esta línea de pensamiento, Imbernon (1994, p. 67-76) presenta algunos modelos de formación permanente del profesorado, y dice que es difícil encontrar unanimidad en la aplicación del concepto de modelo en la formación. También, utiliza este concepto como marco organizador y de gestión de los procesos de formación en los que se establecen diversos sistemas de orientación, intervención, evaluación de la formación y la organización.

            La orientación - o sea, los fundamentos teóricos y el estado de la investigación del desarrollo de la formación: Cómo afectan las bases epistemológicas y los avances de la investigación del modelo de formación al conocimiento, a las habilidades y actitudes de los profesores y profesoras y a los centros.

            La intervención - es decir, la aplicación en programas concretos: Cómo se concreta el modelo en la práctica escolar y qué criterios y estrategias llevarían a recomendar su implantación, según los diferentes contextos educativos.

            La evaluación de los resultados - investigar los resultados de la aplicación del modelo en la práctica y buscar evidencias que indiquen cambios o diferencias en la realidad educativa institucional.

            La organización - se puede concebir el modelo de formación como un patrón, pauta o plan que puede ser utilizado para orientar y guiar el diseño de un programa de formación.

            Dentro de esta línea de pensamiento, el autor establece cinco modelos de formación como desarrollo profesional que son los siguientes:

           

-  El modelo de formación orientado individualmente.

           

            Este modelo se caracteriza por ser un proceso en el cual el mismo profesorado es el que planifica y sigue las actividades de formación que creen que pueden satisfacer sus necesidades. La fundamentación de este modelo parte de una observación de sentido común. El profesorado aprende muchas cosas por sí mismo, mediante la lectura, la conversación con los colegas, la puesta a prueba de nuevas estrategias de enseñanza, la confrontación reflexiva con su propia práctica diaria, la propia experiencia personal, etc. La característica principal de este modelo es que el contenido lo diseña el propio profesorado. Cada profesor es quien determina sus propios objetivos y selecciona las actividades de formación, a la carta, que pueden ayudarle a cubrir tales objetivos.

           

- El modelo de observación/evaluación.

 

            La mayor parte del profesorado recibe pocas devoluciones sobre su actuación en la clase, y en ocasiones manifiestan la necesidad de saber cómo están afrontando la práctica diaria para aprender de ella. El sentido de este modelo conecta con esta necesidad, aunque muchos profesores suelen asociarlo a una estricta evaluación, no suelen considerarlo como una ayuda y tienen dificultades para entender sus ventajas.

            La referencia fundamental en la que se apoya este modelo es que la reflexión y el análisis son medios fundamentales para el desarrollo profesional. La observación y la valoración de la enseñanza facilita al profesorado datos sobre los que puede reflexionar y analizar para favorecer el aprendizaje de los alumnos. Otra premisa que apoya este modelo es que la reflexión individual sobre la propia práctica puede mejorar con la observación de otros, sobre todo porque la docencia en clase, tal y como se realiza en los actuales contextos institucionales, es una profesión aislada de los compañeros, que normalmente tiene lugar sin la presencia de otros adultos, y por ello el profesorado no se beneficia de las observaciones de sus colegas.

 

- El modelo de desarrollo y mejora.

 

            Este modelo tiene lugar cuando el  profesorado está implicado en tareas de desarrollo curricular, diseño de programas o, en general, mejora de la institución educativa mediante proyectos didácticos u organizativos y, con todo ello, trata de resolver situaciones problemáticas generales o específicas relacionadas con la enseñanza en su contexto. Pero, para que la evaluación final de estas tareas responda a lo esperado, el profesorado necesita adquirir conocimientos o estrategias específicas (en planificación curricular, aplicación de resultados sobre investigación sobre la enseñanza, en dinámica de grupos y trabajo en equipo, en resolución de problemas, etc.).

            La fundamentación de este modelo está en la concepción de que los adultos aprenden de manera más eficaz cuando tienen necesidad de conocer algo concreto o han de resolver un problema. Esto hace que el aprendizaje de los profesores se guíe por la necesidad de dar respuesta a determinadas situaciones problemáticas contextualizadas.

           

- El modelo de entrenamiento o institucional.

 

            En este modelo, el formador es quien selecciona las estrategias metodológicas formativas que se supone han de ayudar al profesorado a lograr los resultados esperados. Y la concepción básica que apoya este modelo de formación es que hay una serie de comportamientos y técnicas que merecen que los profesores las reproduzcan en clase. Esta concepción está avalada por un buen número de investigaciones sobre las prácticas de los profesores para una enseñanza eficaz, que fueron identificadas y verificadas en los años 70 y 80. Otra referencia que fundamenta este modelo es que los profesores pueden cambiar su manera de actuar y pueden aprender a reproducir comportamientos en sus clases que no tenían adquiridos previamente.

           

- El modelo de investigación o indagativo.

 

            Este modelo requiere que el profesorado identifique un área de interés, recoja información y, basándose en la interpretación de estos datos, realice los cambios necesarios en la enseñanza. Pero ésta es sólo una definición de partida, porque en la práctica, este modelo puede adoptar diferentes formas. Puede ser una actividad individual, en grupos pequeños o llevada a cabo por todo el claustro de un centro educativo. Es un proceso que puede ser formal o informal, y puede tener lugar en la clase, en el centro educativo o en un centro de profesores.

            La fundamentación de este modelo se encuentra en la capacidad del  profesorado para formular cuestiones válidas sobre su propia práctica y marcarse objetivos que traten de responder a tales cuestiones y realizar una indagación. Imbernon (1994) cita a Loucks, Horsley y otros que señalan tres elementos que fundamentan esta concepción:

               1. El profesorado es inteligente y puede plantearse una investigación de forma competente y basada en su experiencia.

               2.       Los profesores tienden a buscar datos para responder a cuestiones relevantes y a reflexionar sobre estos datos para obtener respuestas a los problemas de la enseñanza.

               3.       Los profesores desarrollan nuevas formas de comprensión cuando ellos mismos contribuyen a formular sus propios interrogantes sobre la práctica y recogen sus propios datos para darles respuesta.

           

            Dentro de los modelos presentados por Imbernon (1994), el modelo de investigación y desarrollo o mejora, por tratar del profesor que cuestiona su propia práctica de enseñanza a través de cuestionamientos que son importantes para su práctica docente, ya que hasta la década de los años 90, la mayoría de los cursos de Licenciatura de las universidades brasileñas han sido objeto de críticas con relación a sus posibilidades de preparar docentes. En este sentido, factores tales como: deficiencias en el área metodológica, mala formación profesional con relación al conocimiento de las disciplinas, la baja calidad de las clases y la aplicación de un currículo antiguo, al que la mayoría de los practicantes, poca o ninguna atención, en especial a la teoría y al raciocinio. Esto demuestra la incapacidad de llevar a la práctica buenos cursos de acuerdo con las concepciones de los que aspiran a una formación adecuada para la enseñanza.

            Según Traldi (1987), el profesor es, sin duda, la figura primordial en el proceso de enseñanza-aprendizaje y no se concibe un buen desarrollo curricular sin una buena formación, un constante perfeccionamiento y una continua puesta al día del cuerpo docente para tomar parte de una nueva reforma en el campo de la enseñanza. De nada vale una buena teoría y organización curricular, si el elemento que debe llevarla a cabo no cuenta con la necesaria formación, cuidado, cariño, atención y voluntad para su realización. Esto quiere decir que, sin la necesaria preparación del cuerpo docente, demostrando la responsabilidad de llevar a la práctica la teoría curricular, el mejor trabajo teórico, estará perdido. Cuanto más bien preparado y al día esté el profesor, mejor podrá desarrollar su práctica en el sentido de crear las condiciones favorables para que el alumno crezca y madure, llegando, así, a su máximo desarrollo y plena autorrealización profesional.

            Si tuviéramos profesores universitarios altamente calificados, dedicados y conscientes de su importante papel en la formación de los futuros  profesionales, evitaríamos todo tipo de improvisación que sólo perjudica la calidad de una buena formación. Es importante que los profesores sean capaces de dar orientación precisa sobre lo que la facultad va a ofrecer y lo que va a exigir del alumno, dándole una amplia visión de su proceso de formación e información profesional. Los jóvenes profesores deben sentir la seguridad de estar caminando hacia un futuro mejor y no sólo concluyendo un curso superior que sólo le dará un diploma. Consecuentemente, este futuro profesional será consciente de la profesión que eligió. Es necesario que todos busquen lo mejor en la formación de nuevos profesores y que procuren concienciarlos desde el ingreso hasta la graduación, en la responsabilidad  que tendrán ante la vida, o sea, la de profesionales productivos, interesados y dedicados en la formación de nuevas generaciones.

            Es de suma importancia el papel que representa en la vida del futuro profesor, su facultad, sus profesores y toda la orientación que dirige su crecimiento como persona, para que se sienta realizado haciendo aquello que resolvió elegir como profesión. Es inútil afirmar que en el futuro, el profesor tendrá que entregarse en cuerpo y alma al proceso educacional, si la situación que está viviendo es completamente diferente a la realidad de su formación.

            Sin embargo, la formación del profesor, al igual que la formación del profesorado en general, debe ocupar un lugar preferente dentro del campo de la investigación educativa. Dicha preferencia debe venir de la mano de la búsqueda constante de la calidad de la enseñanza. En este sentido, cuestionarse que la calidad de enseñanza necesita de profesores calificados (Stenhouse, 1985) y que calificar a los profesores conlleva una formación de calidad (Ferry, 1991) podría parecer absurdo y tautológico. Sin embargo, esta cuestión da lugar a un conjunto enorme de estudios y esfuerzos por transferir sus hallazgos a la práctica con el fin de mejorarla.

            Por lo tanto, procurar mantenerse siempre al día, es una necesidad básica en la vida de cualquier profesional, principalmente del profesor, ya que éste trabaja con el ser humano dentro de un contexto educacional, abordando varios aspectos del hombre dentro de la sociedad. Sólo así, este profesional podrá abandonar el empirismo en que se encuentra sumergida. Sin investigación y comunicación científica, la enseñanza jamás podrá ser ciencia. Para eso, el profesor deberá ser por encima de todo un investigador de sus propias experiencias, de sus propias clases, de su propia práctica docente e incluso, intercambiar experien­cias con profesionales de las demás áreas afines.

            En este sentido, el investigador o profesor investigador de cualquier Institución de enseñanza debería estar más comprometido con la enseñanza y la investigación, divulgando sus resultados y procurando solucionar los problemas encontrados. 

 

5. El desarrollo ocupacional del futuro profesor

 

            En el momento actual, y a punto de iniciar el siglo XII, esa evolución ha conducido a nuestra área de conocimiento hacia importantes cambios y hacia una transformación que supone el punto de arranque para nuevas propuestas de formación continuada de los profesores.  Pero no tan sólo aparecen nuevas perspectivas y finalidades de la Educación, sino que dentro de cada una de ellas surgen, a la vez, y con gran fuerza diversas posturas y planteamientos fundamentados en diferentes corrientes. Esta evolución, condiciona a la vez la transformación en el acontecer histórico de cada país, origina igualmente una especialización de los diferentes profesionales del área hacia aquellos aspectos que, día a día, cobran una notoria relevancia y que se constituyen en núcleos concretos de conocimiento. Todo ello hace necesario que esa especialización de los profesionales, que inciden en cada ámbito, se realice tanto a partir de la formación inicial como de una constante formación continuada; entendiendo esta última como un requisito indispensable para el progreso técnico y profesional.

            Uno de los factores dominantes para la elección de una profesión es el mercado de trabajo. Antiguamente, se decidía por vocación. Actualmente el factor dominante, es la parte financiera. De ahí, que es interesante escoger una profesión por éste o aquel curso que atraiga y proporcione ese beneficio.

            Con relación  al desarrollo ocupacional del profesor, el mercado de trabajo ya estuvo limitado y sin perspectivas que motivasen a los jóvenes a elegir dicha carrera. Además, la carrera del Magisterio nunca fue muy atrayente. Solamente los abnegados, soñadores e idealis­tas veían algo que les interesaba además del dinero que era poco (Araújo, 1983).

            Actualmente, el mercado de trabajo para futuros profesores resulta atractivo y como prueba de este hecho, se verifica el enorme interés de los jóvenes por hacer el examen de ingreso para este curso que se está presentando con diversas opciones de trabajo.

            Sin embargo, la pregunta principal, es ¿Cómo podemos preparar a los alumnos para el futuro mercado de trabajo? La respuesta a esa pregunta puede reflejar diferencias un tanto fundamentales en nuestra visión de la sociedad y del mundo. Muchos de nosotros vemos el futuro como una extensión de tendencias o patrones del presente y por lo tanto, básicamente previsible. La tarea de análisis y previsión es compleja, aunque la llegada de la tecnología de computadores permita un aumento sustancial para selección e interpretación de datos. Algunas personas viven prediciendo el futuro: análisis de finanzas, encuesta de mercado e incluso un grupo denominado "futurista". En una escala inferior, muchos de nosotros podemos intentar predecir el futuro con  base en las tendencias presentes.

            Los críticos de la preparación profesional, muchas veces han enfatizado las fallas de los cursos en la preparación de los futuros profesores para la realidad de las escuelas públicas. Hay un creciente interés en enseñar a los alumnos la manera de vencer el stress, el modo de evitar el agotamiento y de como sobrevivir en las escuelas públicas. Las predicciones en lo que se refiere al futuro de los profesores en los sectores privados tales como escuelas e facultades son, generalmente, más optimistas. Un crecimiento continuo está previsto en estos seguimientos. El futuro también es visto como algo potencialmente discontinúo con el pasado. Los seres humanos son una especie de creadores de la comprensión y agentes de cambio social. En este contexto, los profesores deben estar preparados para las evoluciones y transformaciones científicas y ejercer su futuro  papel como agentes de cambios eficientes en el contexto socioeducacional (Araújo, 1983).

            En este sentido, la responsabilidad de la formación de los futuros profesionales para el mercado de trabajo recae, no sólo en los programas curriculares improvisados, sino principalmente en la formación de los formadores, ya que, en su gran mayoría, no se encuentran con una sólida formación de conocimientos para actuar en una innovación o reforma curricular.

            Cuando hablamos de programas curriculares improvisados, queremos decir que son aquellos dentro de los cuales, se aumentan los contenidos, se cambian los nombres de las disciplinas, aumentan las cargas horarias, etc. En fin, hacen de todo, menos atender las necesidades y peculiaridades de la sociedad y del mercado de trabajo en el cual el futuro profesional mal formado va a actuar.

 

            En este contexto, y sabiendo que la sociedad está en constante transformación, necesitando de profesionales competen­tes, creativos e innovadores, el futuro profesor debe ser consciente y estar preparado para asumir su papel de profesor de escuelas o universidades, así como también, de investigador, conforme las ofertas del mercado de trabajo.

 

3.            Conclusión

 

            Finalmente, es de esperar que los formadores de formado profesionales estén altamente calificados para el ejercicio de la profesión. como también,  que venga a originar una innovación en los métodos didácticos y la inclusión en el aula de todas aquellas áreas y conocimientos que la sociedad actual demanda y siempre bajo un planteamiento constructivista y significativo del aprendizaje.  

            Para que un profesor esté al día y bien preparado para el ejercicio de la profesión, no basta sólo con tener un curso superior y creer que esa formación es suficiente. Se hace necesario que el profesor busque cada vez más mantenerse al día y preparado, procurando siempre adquirir un alto grado de conocimientos que le permitan desarrollar mejor su profesión.

            La necesidad de mantenerse actualizado y preparado, viene de los diferentes cambios que constituyen un objeto cultural socialmente aceptado e implantado de forma sólida en la sociedad actual.

            La preparación, actualización y perfeccionamiento de los profesores, los conduce a la auto-actualización a través de un esfuerzo y superación constante por medio de cursos de reciclaje, formación continuada y trabajos de investigación, mejorando, pues, no sólo su nivel de conoci­miento, sino también su titulación y mejor salario cuando obtenga sus títulos, tales como: Especialización, Postgrado, Maestría, Doctorado, etc. Con todo, sólo la titulación no  prepara en la totalidad al profesional. Deberían a través de la enseñanza e investigación científica, poner en práctica los conocimientos adquiridos. Esa es una posición que todos los profesionales de las varias áreas, deben tener en cuenta.

 

 

 

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